Una tarde de julio de 1917, dos niñas en Cottingley,
un pueblo al norte de Inglaterra, vieron hadas en su jardín y las
fotografiaron. O, al menos, eso es lo que ellas contaron. El mismísimo
autor de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle, presentó aquellas
fotografías al público como prueba irrefutable de que las hadas existían
y aquel acontecimiento dio la vuelta al mundo.